jueves, 26 de junio de 2014
Noche en Bojayá
Al sur del Darién
los hijos de la tierra
observan, respiran, se estremecen,
en una pequeña iglesia,
el miedo y la zozobra también.
Se quita el ministro de los hábitos;
tiene la cara pálida y fría.
De pronto... ¡Un estruendo infernal!
¡Decenas de voces
de mulatas como en parto
derrumban las paredes!
Fuego, lluvia;
Negros se vuelven los dientes,
de llanto se tiñe la brisa...
Una muñeca de trapo
en el altar...
Una puerta tendida en el suelo...
Lágrimas con olor a ceniza...
Árboles de selva húmeda...
Ríos en duelo...
Cuentan la historia
mientras llora un niño.
Omar Garzón
*Foto tomada de internet.
miércoles, 18 de junio de 2014
Donde me agarre la muerte
A la muerte no le importará venir un medio día
o al final de una tarde de trabajo,
no le importará encontrarme de rodillas,
suplicando,
o caminando por las calles pensando en tu ausencia.
No le importará si llueve,
y si corro y salto evitando los charcos;
la lluvia no dejará de caer sobre mi
ni sobre el mar.
Tal vez - si tengo suerte -
me encuentre desnudo,
bebiendo de unos senos;
tal vez se sonroje y decida irse esa noche
con las manos vacías.
No le importará si hago fila en el banco,
o en el cine,
o si estoy comprando flores,
no le importará si ese día cobré mi sueldo
y fui al geriátrico a visitar a mi madre.
Que va a importarle mi apellido
y mi profesión,
que va a importarle si mayo es un mes lluvioso
y si el invierno es una estación del alma.
Me gustaría que la muerte me agarrara
recostado en el tronco de un árbol
escuchando el crujido de las hojas
bajo el peso de la vida.
Sergio Antonio Chiappe Riaño
*Foto tomada de internet.
jueves, 29 de mayo de 2014
Escrito en la espalda de un árbol
No recuerdo si el árbol daba frutos
o sombra,
sólo sé que dio pájaros.
Que era el centro del patio
y de la infancia.
Que en la madera fácil
tallé tu nombre encima
de un corazón flechado.
Y no recuerdo más:
tanto subió tu nombre con el árbol
que pudiste escaparte
en la primera cosecha que dio pájaros.
Miguel Méndez Camacho
*Imagen tomada de internet.
martes, 15 de abril de 2014
Estirpe
Somos (lo he dicho muchas veces)
un amasijo de pesadumbres
traídas de nuestra estirpe.
Puedo sentir la inquietud de mi abuelo
caminado lejos de la tierra labrada,
la muerte en el lodo del tío mayor,
huyendo de la caída que lo alcanzó
la incertidumbre post-mortem de la abuela
por sus hijos ahora huérfanos.
Me aqueja el frío y la vejez de mis manos
empieza a notarse
tengo marcas de guerra sin haber ido al reclutamiento
siento el desarraigo y no he pasado una noche fuera de casa
y entiendo entonces que la desesperación se hereda
con la luz del nacimiento.
Johanna Rozo
*Fotografía tomada de internet
domingo, 23 de marzo de 2014
Escena final
he dejado la puerta entreabierta
soy un animal que no se resigna a morir
la eternidad es la oscura bisagra que cede
un pequeño ruido en la noche de la carne
soy la isla que avanza sostenida por la muerte
o una ciudad ferozmente cercada por la vida
o tal vez no soy nada
sólo el insomnio y la brillante indiferencia de los astros
desierto destino
inexorable el sol de los vivos se levanta
reconozco esa puerta
no hay otra
hielo primaveral
y una espina de sangre
en el ojo de la rosa
Blanca Varela
*Imagen tomada de internet.
martes, 4 de marzo de 2014
Siempre dormí muy mal

I
Siempre dormí muy mal.
Después de muerto,
seguro seguiré durmiendo mal.
Seré un mal muerto.
Un muerto fatigado.
Nada me preocupa de la muerte,
excepto esta certeza
de que voy a seguir durmiendo mal.
Flóbert Zapata Arias.
Imagen: Grabado. Manuel Domínguez Guerra
miércoles, 5 de febrero de 2014
Tierra
Muchacha, montaña mía, ahora que el viento es el camino,
donde el polvo de la casa que sostiene mis huesos se entrega a
su paso, y cualquier voz es agua para mis ojos, ignoro el real motivo de estas palabras:
Ya ves, te lo dije un día y lo repito en su noche: no soy más
que un árbol en el bosque de la intemperie. De tanto esperarte
he terminado por ser uno más de ellos, quienes han sido los
únicos que han recibido mi cansada paciencia entre su aire.
Mírame muchacha, ya el gesto de mi abrazo ha hecho
ramas de mis manos. Tengo cubierto el cuerpo de parásitas y
llevo sobre mi espalda los cabellos crecidos de insectos y con aroma de orín. Mientras te hablo llegan a mí los pájaros que
han construido su nido en mi voz con las pajas secas de mis venas.
Si me ves así, no te asustes; las marcas talladas en mi
vientre son un viejo juego de la infancia: he visto cómo un
niño ciego escribe el nombre de su padre en mi piel y luego
lo apuñala hasta el cansancio. Ya sabes, tengo tallado su
rostro que cicatriza sobre el mío.
Muchacha, cuánto más habré de esperar, sepultado por las
hojas que a mis pies se descomponen, para reconciliar mis
cenizas. Si vienes, qué feliz me harías; daríamos una caminata -juntos y solos-desafiando a la fauna del cielo. Aunque
mis pasos enterrados en la hierba no se muevan, y
contradigan mi deseo, conozco el mundo desde abajo, porque adentro corre un río puro de aguas que se odian. Ya ves,
crezco boca abajo y muero boca arriba. Con mis ramas me
abrazo al camino.
Muchacha, montaña mía, soy un árbol perdido en el
bosque de la intemperie. Ven para que ahuyentes al perro de lenguaje que desentierra mis huesos. Aleja sus fauces de mi
vientre, de mi garganta su verde lengua, echa puñados de
tierra para que se apaguen de mí sus ojos.
No temas si al llamar no respondo, si nadie te asiste bajo la llameante ceguera del sueño: es la escritura; el extravío en lo hallado.
Muchacha, cuerpo mío, donde ascendía en la noche a
contemplar la consumación del cielo en el temor de sus criaturas.
Muchacha, montaña mía, ven porque atrás quedaron las palabras.
Felipe García Quintero
*Fotografía tomada de internet.
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