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lunes, 30 de octubre de 2017

Autobio

 
 
 
 
 
Nadie me quiso tanto 
como yo quise. 
Siempre gané amando.
 
Soy medalla de oro 
en saltos de ternura.
 
Nadie se enamoraba de mí 
como yo me enamoraba 
hasta enfermar 
hasta padecer 
hasta enloquecer.
 
—Alégrate Gloria, 
que te pasa lo que a Dios, 
que siempre nos quiere más 
que lo que le queremos.
 
Gloria Fuertes
*Fotografía tomada de internet.

miércoles, 13 de enero de 2016

Tarjeta de presentación

 




Los poetas acuden al frío con frecuencia.
Los poetas –se dice– son
tristes,
llorones,
melancólicos,
demasiado enrollados.
Los poetas ven un cielo azul y
escriben un cielo gris.
Eso asegura cierta gente.
O también: los poetas
tienen una irremediable debilidad en el ánimo.
Les gusta sufrir.
¡Cómo les gusta! Es un
vicio. No escriben himnos. Se lamentan.
Tienen prohibido el optimismo –eso piensan muchos.
Yo no digo lo contrario. No defiendo nada.
Los poetas son un desorden en el clima, pienso.
Los poetas nunca están contentos. Los
poetas son
un tropiezo incómodo
en el lenguaje, un
accidente.
Nadie sabe qué quieren.
Nadie sabe a dónde van.
¿Por qué escriben lo que sienten?
¿Para qué?

Alberto Barrera Tyszka
*Fotografía tomada de internet

lunes, 8 de junio de 2015

Siempre conté hasta diez



Siempre conté hasta diez y nunca apareciste.
Fueron noches de granizo desnudo, de temblor
en el humo del deseo. Días de ayuno y lucidez.

Imaginaba el recorrido del llanto en las trampas
de la noche. La quietud en la memoria
de una pesada cárcel que esperaba a lo lejos.

El rencor de saberme preso en otro cuerpo
distinto al tuyo. Liberado en otro gesto,
y defendiéndome de otro perfume.

Pero sé que no fue más que un sueño.
Corría desnudo por la habitación del aire.
Y sentía que volaba, mas no era libre.

Kepa Murua
*Fotografía Tatik Carrión

miércoles, 6 de mayo de 2015

Abro la noche para recibirte


Abro la noche para recibirte. En cada palabra
mis manos inician un largo recorrido hacia la sombra,
hacia lo que no es posible abarcar. Y sin embargo,
helo aquí como si quisiera traernos un pedazo de nosotros
mismos,
un fragmento de luz, una sílaba cerrada en su misterio.

Nombrarte es el comienzo del exilio. Y permanecer en ti
una constante despedida. Ofrezco mis ojos a lo que se
diluye bajo tu lámpara.
A la eternidad que se desteje minuto a minuto para que yo
pueda entrar en ella.
Sin cortejos. Sin una guía para mis pasos.

Escribo en el polvo este no saber hacia dónde,
a qué distancia se oculta la rosa.
Nuestro diálogo es el inicio del viaje, su silencio el camino
de retorno.

Es necesario permanecer a la intemperie.

Lucía Estrada
*Fotografía tomada de internet.

viernes, 20 de marzo de 2015

Lluvia de verano

 
 
a Oscar Conde


Nubes de caliza
devoran el llamado imperativo de mi infancia.

Me apoyo en la ventana:
pasa el viento con su urgencia,
la tierra danza en el patio
y la tarde se cubre con óleo de estaño.

Llueve. Pienso en ella.
En el beso que me dio antes de mudarse,
sus caprichos de princesa de barrio
y en el canto de su voz cuando me nombra.

¡La vida es una farsa!

Una pelota que no pica.
Un trago de agua podrida.
Un caramelo de sal.

Ahora
todo se detiene en el patio de la casa.

Arde el nuevo sol
y las gotas se suicidan
como el salto obligado
de un clavadista a destiempo.

Darío Falconi
Fotografía tomada de internet.



sábado, 24 de enero de 2015

Intolerancias



No es lo mismo decir que yo perdono
la larga espera,
la quietud,
la pesadumbre,
la tristeza de roble de los cuartos
y de las cosas
por ahí
pesando.
No es lo mismo decir
que yo perdono
eso,
o que no veo
importancia
o desmesura
en la infeliz inconsciencia de los árboles
y sí la veo
a cambio
en decir
que el mundo
así
-reñido o arrasado-
a veces era
una voz torpe,
que cree que las piedras son inmóviles
y que su quietud
de tiempo y pesadumbre
y que tus propios ojos
de tiempo y pesadumbre
son lo que hay
y no son más.
Pues yo perdono
porque es bella
la inconsciente belleza de las cosas
como es la brisa
ingobernable
pero también
como triste
imperdonable,
y gris
es la estampa
de los hombres sin fe
y la quietud sorda
que tienen los seres
y las cosas intactas.

Andrea Cote Botero
*Imagen tomada de internet.



domingo, 4 de enero de 2015

Memoria







No tomes muy en serio
lo que te dice la memoria.


A lo mejor
no hubo esa tarde.
Quizá todo fue un autoengaño.
La gran pasión
sólo existió en tu deseo.


Quién te dice que no te está contando ficciones
para alargar la prórroga del fin
y sugerir que todo esto
tuvo al menos algún sentido.




José Emilio Pacheco.
*Imagen: Muchacha en la ventana. Salvador Dalí.

domingo, 21 de diciembre de 2014

El daño


Lo supimos después,
sin tiempo para nada.

Porque tal vez la vida nos dio todo al principio
y seguimos buscando
un camino que nos lleve a ese lugar,
un puñado de polvo
que guarde el equilibrio suficiente
para no convertirse
en aire o en montaña.

Porque tal vez la vida no nos perteneció
y se fue consumiendo
como todas las cosas que hemos creído nuestras
y son parte del daño
que dibuja las líneas de la historia
derribando ciudades con sus muros.

Y de haberlo sabido
habríamos juntado nuestras manos
o mirado a otra parte.

Y de haberlo sabido,
habríamos mordido nuestros labios
sangrando en el amor
para dejar visibles las heridas,
o habríamos rezado,
o renunciado a todo para quedarnos quietos
y no cruzar los días que agonizan.

Es todo tan inmenso que no cabe en el llanto
y el dolor nos observa desde afuera.

Lo supimos después,
no hay nostalgia más grande que aquella del futuro.

Fernando Valverde
*Fotografía tomada de internet.

domingo, 12 de octubre de 2014

Al perderte yo a ti




Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido:
yo porque tú eras lo que yo más amaba
y tú porque yo era el que te amaba más.
Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo:
porque yo podré amar a otras como te amaba a ti
pero a ti no te amarán como te amaba yo.


Ernesto Cardenal

domingo, 21 de septiembre de 2014

No cambian de canción




No cambian de canción

los pájaros

no aplanchan ni rebrillan su vestido

no cambian de nido por los malos vecinos

no inventan nuevos picos para el amor

ni se cansan de la misma compañera

no rompen nunca la rama en la que se posan

no tienen hoy el ojo limpio del amigo

y mañana el turbio del enemigo

no enseñan a volar a sus polluelos

sino que los empujan tiernamente a las nubes

no necesitan más sabor que los del agua pura

o el de las frutas a la carta en sus gajos

Dios hizo el maná para ellos y se contentan

con briznas de hierba o espaguetis de lombrices

no se persignan porque nacieron benditos

no se enferman ni amanecen enguayabados

aunque duerman

en un guayabo o en un borrachero

no usan despertador ni padecen de insomnio

nunca se quejan de su fragilidad

ni le temen a las aves de rapiña

sino que juegan inocentemente con ellas

aunque siempre salen perdiendo

tampoco huyen de lso cazadores

porque creen como los niños

que las armas son de juguete

no cambian de color ni de bandada

no cumplen años ni van a entierros

no usan almanaque

pero son los pregoneros del día

los emisarios de la primavera

a nadie humillan con su feliz indiferencia

no protestan por los cambios de tiempo

aunque el frío los atortola

y siempre celebran con el aplauso de sus alas

el telón del crepúsculo

no lloran ni ríen pero tiemblan y arrullan

tampoco les cansa el viento

ni los destiñe la lluvia

no saben que las patrias separan en la tierra

lo que une el cielo

ignoran la existencia de los poetas y los filósofos

y que todos ellos viven de sus plumas

se acuestan sin ver la televisión

después de leer todos los paisajes

y prefieren olvidar dónde

dejaron su tumba en el aire.


Rogelio Echavarría.


Fotografía tomada por Tatik Carrión.

miércoles, 22 de enero de 2014

Fábricas del amor


Y construí tu rostro.
Con adivinaciones del amor, construía tu rostro
en los lejanos patios de la infancia.
Albañil con vergüenza,
yo me oculté del mundo para tallar tu imagen,
para darte la voz,
para poner la dulzura en tu saliva. 
Cuántas veces temblé
apenas si cubierto por la luz del verano
mientras te describía por mi sangre.
Pura mía,
estás hecha de cuántas estaciones
y tu gracia desciende como cuántos crepúsculos.
Cuántas de mis jornadas inventaron tus manos.
Qué infinito de besos contra la soledad
hunde tus pasos en el polvo.
Yo te oficié, te recité por los caminos,
escribí todos tus nombres al fondo de mi sombra,
te hice un sitio en mi lecho,
te amé, estela invisible, noche a noche,
Así fue que cantaron los silencios.
Años y años trabajé para hacerte
antes oír un sonido de tu alma.

Juan Gelman.

*Fotografía tomada de: http://www.esculturasbronce.com/biografia/


martes, 3 de diciembre de 2013

Trenes

Para El Guardagujas de Juan José Arreola





1
Una estación que ve llegar 
trenes rojos
trayendo como único pasajero
la noche;
un día el sueño se cumple:
llega el tren rojo,
se baja la noche,
y se instala para siempre
en la estación del olvido.

2
Los trenes que siempre han pasado
silenciosos, vacíos,
y en su última ventanilla
un niño muerto 
dibujándome un adiós
con su mano triste.

3
O el tren perdido,
el que nunca regresó
y tampoco llegó a su destino;
dicen que ahora es un fantasma;
a veces aparecen sus huellas
en los sembrados.

4
Los trenes deseados,
los que nunca humearán;
alguna vez nos despertará
su estrepitosa presencia
ante el asombro de la Muerte.

5
El tren transparente,
repleto de hermosa gente transparente;
ahora pasa cada nueve lunas
ante el estupor de los aldeanos,
pero nadie lo comenta
por temor a que los crean locos.

6
El guardagujas perverso;
el que enredó los hilos metálicos
e instauró el Caos.

7
El maquinista de sueños
que añora su oficio
en la última estación.
Cómo anhela que los rieles
vayan más allá de su memoria.

8
El vendedor de boletos
que una tarde
vino a comprarse a sí mismo
un boleto sin regreso.

9
El tren de los dioses.
Pasa solo una vez.
Alguien se baja, gira la aguja,
borra la memoria de los hombres
y todo vuelve a empezar de la Nada.

10
El pregonero de rutas
que jamás ha subido a un tren.

11
El tren que sueña con ser tren;
cada vagón una pesadilla
y su único pasajero yo mismo;
una vez se bajó y vino
a tomar el café conmigo;
desde entonces compartimos
la misma tumba.

12
El tren de los cuerdos.
El que sí pasa puntual todos los días;
el que regresa con mercancías
y pasajeros nuevos;
hoy ha llegado con un cargamento
de ataúdes importados, veinte
prostitutas vestidas de monjas
y cien cerdos blancos y hermosos;
ese tren nunca lo espero,
sin embargo, es el único maldito
que me humilla con su presencia.

Hernán Vargascarreño
*Fotografía tomada de internet.

martes, 5 de noviembre de 2013

Despojos



Sola,
como el grito de Orfeo
miras atrás.

Los despojados rostros
semejan
un carnaval de lluvia ensangrentada.
El invencible pájaro del tiempo
arrastrando falanges, calaveras,
el invencible pájaro...
devorador de sueños
siembra el cielo de llanto.

¡No puedes ya con la sangrante espina!
ni te cabe el olvido
y sin embargo
miras atrás e incrédula preguntas:
¿Hay un hombre? ¿Uno sólo
que no haya mutilado la hierba?

¿Hay alguien
que en la esquina nocturna de la duda
pueda mirar la luna sin traiciones?

No hay respuesta.

Sola,
habitarás la tierra
habitarás la herida de los otros.
Lo demás es buscar
a ciegas y en la noche
las pupilas de un muerto.

Amparo Inés Osorio

*Imagen tomada de internet.

jueves, 17 de octubre de 2013

Esperarla huyendo



Es ella.
Su paso de lento anochecer ilumina
la íntima escalera de mi refugio.
Cómo ocultaré la sed,
la vergüenza de esperarla huyendo.
Nada me servirá intentar una máxima;
su sonrisa atará mi voz
con un hilo de arena.
La he inventado durante largos años,
y sus senos en permanente vuelo
ya cruzarán la oscuridad de la puerta.
No puedo huir ni negar mi existencia;
la ternura de su piel de fuego,
antes de apagar la cerilla del amor,
hará un mármol
con el temblor de mis deseos.
Es ella.
Su belleza es una catástrofe.


Víctor López Rache.

*Fotografía tomada de internet.

sábado, 3 de agosto de 2013

La oración de la rosa



Padre nuestro que estás en la tierra: en la fuerte
y hermosa tierra;
en tierra buena:

Santificado sea el nombre tuyo
que nadie sabe; que en ninguna forma
se atrevió a pronunciar este silencio
pequeño y delicado...,este
silencio que en el mundo
somos nosotras,
las rosas...


Venga también a nos, las pequeñitas
y dulces flores de la tierra,
el tu reino prometido...
Hágase en nos tu voluntad, aunque ella
sea que nuestra vida sólo dure
lo que dura una tarde...

El sol nuestro de cada día, dánoslo
para el único día nuestro...

Perdona nuestra deudas
-la de la espina,
la del perfume cada vez más débil,
la de la miel que no alcanzó
para la sed de dos abejas..._,
así como nosotras perdonamos
a nuestros deudores los hombres,
que nos cortan, nos venden y nos llevan
a sus mentiras fúnebres,
a sus torpes o insulsas fiestas...

No nos dejes caer
nunca en la tentación de desear
la palabra vacía - ¡el cascabel
de las palabras!...-,
ni el moverse de pies
apresurados,
ni el corazón obscuro de
los animales que se pudre...
Mas líbranos de todo mal.

Amén.

Dulce María Loynaz
*Fotografía tomada de internet


miércoles, 19 de junio de 2013

Casi obsceno




Si quisieras oír lo que me digo en la almohada
el rumor de tu rostro sería la recompensa
Son palabras tan íntimas como mi propia carne
que padece el dolor de tu implacable recuerdo

Te cuento ¿Sí? ¿No te vengarás un día? Me digo:
Besaría esa boca lentamente hasta volverla roja
Y en tu sexo el milagro de una mano que baja
en el momento más inesperado y como por azar
lo toca con ese fervor que inspira lo sagrado

No soy malvado trato de enamorarte
intento ser sincero con lo enfermo que estoy
y entrar en el maleficio de tu cuerpo
como un río que teme al mar,
pero siempre muere en él.


Raúl Gómez Jattin

*Fotografía tomada de internet.


martes, 4 de junio de 2013

Exilio



                                                    A Raúl Gustavo Aguirre

Esta manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en qué vivirme,
sin piedad por mi nombre
ni por mis huesos que lloran vagando.

¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas,
aunque fuere con sonrisas?

Siniestro delirio amar a una sombra.
La sombra no muere.
Y mi amor
sólo abraza a lo que fluye
como lava del infierno:
una logia callada,
fantasmas en dulce erección,
sacerdotes de espuma,
y sobre todo ángeles,
ángeles bellos como cuchillos
que se elevan en la noche
y devastan la esperanza.


Alejandra Pizarnik

*Imagen tomada de internet

lunes, 1 de abril de 2013

Es melancolía




Te llamarás silencio en adelante.
Y el sitio que ocupabas en el aire
se llamará melancolía.

Escribiré en el vino rojo un nombre:
el tu nombre que estuvo junto a mi alma
sonriendo entre violetas.

Ahora miro largamente, absorto,
esta mano que anduvo por tu rostro,
que soñó junto a ti.

Esta mano lejana, de otro mundo
que conoció una rosa y otra rosa,
y el tibio, el lento nácar.

Un día iré a buscarme, iré a buscar
mi fantasma sediento entre los pinos
y la palabra amor.

Te llamarás silencio en adelante.
Lo escribo con la mano que aquel día
iba contigo entre los pinos.

Eduardo Carranza
*Fotografía tomada de internet.

sábado, 23 de marzo de 2013

Los hombres tristes no bailan en pareja





Los hombres tristes ahuyentan a los pájaros.
Hasta sus frentes pensativas bajan
las nubes
y se rompen en fina lluvia opaca.

Las flores agonizan
en los jardines de los hombres tristes.
Sus precipicios tientan a la muerte.

En cambio,
las mujeres que en una mujer hay
nacen a un tiempo todas
ante los ojos tristes de los tristes.

La mujer-cántaro abre otra vez su vientre
y le ofrece su leche redentora.

La mujer-niña besa fervorosa
sus manos paternales de viudo desolado.

La de andar silencioso por la casa
lustra sus horas negras y remienda
los agujeros todos de su pecho.

Otra hay que al triste presta sus dos manos
como si fueran alas.

Pero los hombres tristes son sordos a sus músicas.
No hay pues mujer más sola,
más tristemente sola,
que la que quiere amar a un hombre triste.


Piedad Bonnett
*Fotografía tomada de internet.

domingo, 3 de marzo de 2013

Aquí están tus recuerdos





Aquí están tus recuerdos:
este leve polvillo de violetas
cayendo inútilmente sobre las olvidadas fechas;
tu nombre,
el persistente nombre que abandonó tu mano entre las piedras;
el árbol familiar, su rumor siempre verde contra el vidrio;
mi infancia, tan cercana,
en el mismo jardín donde la hierba canta todavía
y donde tantas veces tu cabeza reposaba de pronto junto a mí,
entre los matorrales de la sombra. 

Todo siempre es igual.
Cuando otra vez llamamos como ahora en el lejano muro:
todo siempre es igual.
Aquí están tus dominios, pálido adolescente:
la húmeda llanura para tus pies furtivos,
la aspereza del cardo, la recordada escarcha del amanecer,
las antiguas leyendas,
la tierra en que nacimos con idéntica niebla sobre el llanto.

-¿Recuerdas la nevada? ¡Hace ya tanto tiempo!
¡Cómo han crecido desde entonces tus cabellos!
Sin embargo, llevas aún efímeras flores sobre el pecho
y tu frente se inclina bajo ese mismo cielo
tan deslumbrante y claro.

¿Por qué habrás de volver acompañado, como un dios a su mundo,
por algún paisaje que he querido?
¿Recuerdas todavía la nevada?

¡Qué sola estará hoy, detrás de las inútiles paredes,
tu morada de hierros y de flores!
Abandonada, su juventud que tiene la forma de tu cuerpo,
extrañará ahora tus silencios demasiado obstinados,
tu piel, tan desolada como un país al que sólo visitarán cenicientos pétalos
después de haber mirado pasar, ¡tanto tiempo!
la paciencia inacabable de la hormiga en sus solitarias ruinas.

Espera, espera, corazón mío:
no es el semblante frío de la temida nieve ni el del sueño reciente.
Otra vez, otra vez, corazón mío:
el roce inconfundible de la arena en la verja,
el grito de la abuela,
la misma soledad, la no mentida,
y este largo destino de mirarse  las manos hasta envejecer.

Olga Orozco.
*Fotografía tomada de internet.