sábado, 24 de enero de 2015

Intolerancias



No es lo mismo decir que yo perdono
la larga espera,
la quietud,
la pesadumbre,
la tristeza de roble de los cuartos
y de las cosas
por ahí
pesando.
No es lo mismo decir
que yo perdono
eso,
o que no veo
importancia
o desmesura
en la infeliz inconsciencia de los árboles
y sí la veo
a cambio
en decir
que el mundo
así
-reñido o arrasado-
a veces era
una voz torpe,
que cree que las piedras son inmóviles
y que su quietud
de tiempo y pesadumbre
y que tus propios ojos
de tiempo y pesadumbre
son lo que hay
y no son más.
Pues yo perdono
porque es bella
la inconsciente belleza de las cosas
como es la brisa
ingobernable
pero también
como triste
imperdonable,
y gris
es la estampa
de los hombres sin fe
y la quietud sorda
que tienen los seres
y las cosas intactas.

Andrea Cote Botero
*Imagen tomada de internet.



miércoles, 14 de enero de 2015

La otra Ítaca


Siempre se ha dicho:
el camino es largo

Para arribar a tal o cual Ítaca
hay obstáculos
extravíos
y pocos atajos

Se necesita de algo más que ardentía
y arrojo

Y se dice también
que al final de la ardua jornada
espera a cada uno su la recompensa:

la paciencia es hermosura
después de la niebla hay sol
sacrificio añade sabiduría

Pero sé de lugares jamás encontrados
en los que el hombre ha quedado
en la intemperie

Si no es la dicha el mismo camino
Si no es cada paso el puerto
no emprendas el viaje

No siempre se nos espera
No todos llegamos a tiempo.

Robinson Quintero Ossa
*Imagen tomada de internet

domingo, 4 de enero de 2015

Memoria







No tomes muy en serio
lo que te dice la memoria.


A lo mejor
no hubo esa tarde.
Quizá todo fue un autoengaño.
La gran pasión
sólo existió en tu deseo.


Quién te dice que no te está contando ficciones
para alargar la prórroga del fin
y sugerir que todo esto
tuvo al menos algún sentido.




José Emilio Pacheco.
*Imagen: Muchacha en la ventana. Salvador Dalí.

domingo, 21 de diciembre de 2014

El daño


Lo supimos después,
sin tiempo para nada.

Porque tal vez la vida nos dio todo al principio
y seguimos buscando
un camino que nos lleve a ese lugar,
un puñado de polvo
que guarde el equilibrio suficiente
para no convertirse
en aire o en montaña.

Porque tal vez la vida no nos perteneció
y se fue consumiendo
como todas las cosas que hemos creído nuestras
y son parte del daño
que dibuja las líneas de la historia
derribando ciudades con sus muros.

Y de haberlo sabido
habríamos juntado nuestras manos
o mirado a otra parte.

Y de haberlo sabido,
habríamos mordido nuestros labios
sangrando en el amor
para dejar visibles las heridas,
o habríamos rezado,
o renunciado a todo para quedarnos quietos
y no cruzar los días que agonizan.

Es todo tan inmenso que no cabe en el llanto
y el dolor nos observa desde afuera.

Lo supimos después,
no hay nostalgia más grande que aquella del futuro.

Fernando Valverde
*Fotografía tomada de internet.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Reencuentro con una mujer




La mujer le dejó saber con la mirada que quería decirle algo. Leoncio accedió y, cuando ella se apeó del bus, él hizo lo mismo. La siguió a corta, pero discreta distancia y, luego de algunas cuadras, la mujer se volvió. Sostenía con mano firme una pistola. Leoncio reconoció entonces a la mujer ultrajada en un sueño y descubrió en sus ojos la venganza.

-Todo fue un sueño- l dijo-. En un sueño, nada tiene importancia.
-Depende de quién sueñe- dijo la mujer. Éste también es un sueño.


Luis Fayad
*Fotografía tomada de internet

domingo, 12 de octubre de 2014

Al perderte yo a ti




Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido:
yo porque tú eras lo que yo más amaba
y tú porque yo era el que te amaba más.
Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo:
porque yo podré amar a otras como te amaba a ti
pero a ti no te amarán como te amaba yo.


Ernesto Cardenal

lunes, 6 de octubre de 2014

Instrucciones para el uso de los recuerdos

 
 
 
Los restos del pasado se reúnen
como los desperdicios de la playa.
Enrique Lihn


Recíclalos, pásales las llantas de un auto, arrójalos por la ventana de un avión.
Ofértalos, instala una fábrica de collares, sazónalos con lágrimas del cielo.
Arráncatelos, que se marchen con un poco de piel (corazón o memoria).
Que se desangren y mueran en la raya llenos de moscas.
Olvídalos, expúlsalos de tu bestiario, desinféctalos, despójalos de su inoportuna melancolía.
No te engañes, como las costras, nada de su piel exterior vale la pena.
Desrecuérdalos, atígralos y jaúlalos.
Que vuelvan a nacer en su espiral de nada desde el árbol de las preguntas.

Margarito Cuéllar
Imagen tomada de internet.