Anoche
vi dos gatos. Buscaban la soledad de las sombras y se pasaban la lengua por el
lomo. De verdad parecían dos gatos. No
se arañaban pero parecían estar sufriendo. Iban de un lado a otro, el susurro
de sus pasos tejía con delgados hilos. Trataban de no mojarse pero se
humedecían el cuerpo con sus bocas. Sí, de verdad parecían dos gatos.
Los
vi saltando en los tejados, se quemaban el cuerpo con el vapor de las
chimeneas. Por un rato los vi cansados. De verdad parecían dos gatos. Fueron
por muchos lugares, llegué a creer que estaban perdidos. Se empujaban hombro
contra hombro, porque ahora los gatos tienen hombros y los vi reírse. Sí, de
verdad parecían dos gatos.
Estaban
sedientos. Los gatos estaban sedientos y corrían silenciosamente entre las sombras
haciendo un ruido insoportable. Eran oscuros, negros, gatos de mala suerte a
quienes de lejos se les veía el resplandor de la risa. Cuando encontraron agua
siguieron riéndose a carcajadas tal y como se ríen los gatos: mostrando una
lengua rosada y con una expresión violenta como si en lugar de felicidad
mostraran su rabia. Realmente parecían dos gatos.
Cuando
bajaron de los tejados corrieron al parque. Allí los vimos. Otros como yo
dejaron de hacer lo que hacían solo para ver los gatos, extraña novedad ver dos
gatos a tal hora ignorando la gente. Dos gatos que parecían ser gatos. Los
gatos no se daban cuenta de nosotros, corrían de un árbol a otro, fugaces como
disparos negros, silenciosos como la luz que llega sin trueno. Lo juro, esos
gatos parecían dos gatos.
No
se daban cuenta de nosotros, ellos solamente se miraban sus pupilas. Las
pupilas eran grandes, color ámbar y en la oscuridad del parque parecían faros
desubicando a los navegantes. Navegamos un rato viendo los gatos acostándose en
el pasto, revolcándose como árboles que han caído de sus hojas. Los gatos eran
sordos, y parecían dos gatos.
Después
del primer beso los gatos parecieron polvo, se fueron elevando como una maraña
de ramas arrastradas por el viento. El viento nos arrebató los sombreros, los
paraguas y las ganas de verlos. Quedó la oscuridad, el silencio, la soledad y
todas las cosas que estaban buscando.
Antes de la lluvia vi muchos reanudando su marcha, otros corrieron
anunciando los males del invierno. Quedamos unos cuantos viendo los dibujos
negros que se hacen en un parque cuando llueve de noche.
Jorge Andrés Acevedo.
*Fotografía tomada de internet.