jueves, 24 de enero de 2013

Llamada

El último hombre sobre la tierra está sentado a solas en una habitación. Llaman a la puerta...

Fredric Brown



*Fotografía tomada de internet.

El sueño del Rey



-Ahora está soñando. ¿Con quién sueña? ¿Lo sabes?

-Nadie lo sabe.

-Sueña contigo. Y si dejara de soñar. ¿Qué sería de ti?

-No lo sé.

-Desaparecerías eres una figura de su sueño. Si se despertara ese rey te apagarías como una vela.


Lewis Carrol
*Fotografía tomada de internet.

Tranvía

Por fin. La desconocida siempre subía en aquella parada. "Amplia sonrisa, caderas anchas...una madre excelente para mis hijos", pensó. La saludó; ella respondió y retomó su lectura: culta, moderna. Él se puso de mal humor: era muy conservador. ¿Por qué respondía a su saludo? Ni siquiera lo conocía.

Dudó. Ella bajó.

Se sintió divorciado: "¿Y los niños con quién van a quedarse?"

Andrea Bocconi.


*Fotografía tomada de internet.

domingo, 13 de enero de 2013

"Dedicatoria"



                                                   Rostro de Ana Ajmátova
                                                  *Fotografía tomada de internet

Ante la desgracia se inclinan las montañas
y no fluye el famoso río
pero son fuertes los cerrojos de la prisión
y tras ellos están las "mazmorras de los presos"
y una pena mortal.

Para algunos sopla suave la brisa,
para algunos es una caricia el ocaso.

Nosotras no sabemos, somos las mismas por todas partes
y sólo oímos el odioso chirrido de las llaves
y los pesados pasos del soldado.

Nos levantábamos como para la misa del alba
y caminábamos por la ciudad salvaje,
y allí nos encontrábamos, casi sin aliento.
El sol estaba más bajo y el Neva más nublado.
pero la esperanza canta siempre a lo lejos.

La sentencia y de pronto brotan las lágrimas.

Y ella se aleja ya de todas
como si un dolor le arrancara del corazón la vida,
como si brutalmente la derribaran por la espalda
pero camina...se tambalea...va sola...

¿Dónde estarán ahora mis amigas a la fuerza?
¿Mis años furiosos?
¿Qué oirán en la tormenta de nieve siberiana?
¿Qué imaginarán en el círculo de la luna?

A ellas envío mi saludo de despedida.
Marzo de 1940.

Ana Ajmátova.





jueves, 10 de enero de 2013

Algún día encontraré una palabra...




Algún día encontraré una palabra

que penetre en tu vientre y lo fecunde,

que se pare en tu seno
como una mano abierta y cerrada al mismo tiempo.

Hallaré una palabra

que detenga tu cuerpo y lo dé vuelta,
que contenga tu cuerpo
y abra tus ojos como un dios sin nubes
y te use tu saliva
y te doble las piernas.
Tú tal vez no la escuches
o tal vez no la comprendas.
No será necesario.
Irá por tu interior como una rueda
recorriéndote al fin de punta a punta,
mujer mía y no mía
y no se detendrá ni cuando mueras.


Roberto Juarroz

*Fotografía tomada de internet.

viernes, 4 de enero de 2013

Cuentos del entonces y el después

Y entonces,
-¡muy salado tu amigo!

Y después,
-¡es el mar! -dijo el río.

Y entonces,
con la espuma en la mano.

Y después,
todo el mar es mi hermano.

Y entonces,
una cueva en el fondo.

Y después,
brilla un ojo redondo.

Y entonces,
juega y canta la luna.

Y después,
se adormece en la espuma.

Y entonces,
un cangrejo en la loma.

Y después,
sus tenazas asoma.

Y entonces,
¿es la espuma que flota?    

Y después,                                                                            
vuelan ocho gaviotas.

Y entonces,
-¡Feo! - dijo un cangrejo.

Y después,
reventó sus espejos.

Y entonces,
la sardina en la ola.

Y después,
abanica su cola.

Y entonces,
mi perrito se ahoga.

Y después,
yo le lanzo una soga.                  

Y entonces,
la medusa en el agua.

Y después,
se mojó las enaguas.

Y entonces,
la gaviota lloraba.

Y después,
por un ala quebrada.

Y entonces,
en el cielo un vacío.

Y después,
hay un vuelo dormido.

Y entonces,
caracola de río.

Y después,
todo el mar en mi oído.

Y entonces,
una escama de plata.

Y después,
un suspiro se escapa.                                                    

Y entonces,
salta un pez en mi sueño.

Y después,
solo arenas y viento.

Rodolfo Dada


martes, 25 de diciembre de 2012

Felinófagos





Anoche vi dos gatos. Buscaban la soledad de las sombras y se pasaban la lengua por el lomo. De verdad parecían dos gatos.  No se arañaban pero parecían estar sufriendo. Iban de un lado a otro, el susurro de sus pasos tejía con delgados hilos. Trataban de no mojarse pero se humedecían el cuerpo con sus bocas. Sí, de verdad parecían dos gatos.

Los vi saltando en los tejados, se quemaban el cuerpo con el vapor de las chimeneas. Por un rato los vi cansados. De verdad parecían dos gatos. Fueron por muchos lugares, llegué a creer que estaban perdidos. Se empujaban hombro contra hombro, porque ahora los gatos tienen hombros y los vi reírse. Sí, de verdad parecían dos gatos.

Estaban sedientos. Los gatos estaban sedientos y corrían silenciosamente entre las sombras haciendo un ruido insoportable. Eran oscuros, negros, gatos de mala suerte a quienes de lejos se les veía el resplandor de la risa. Cuando encontraron agua siguieron riéndose a carcajadas tal y como se ríen los gatos: mostrando una lengua rosada y con una expresión violenta como si en lugar de felicidad mostraran su rabia. Realmente parecían dos gatos.

Cuando bajaron de los tejados corrieron al parque. Allí los vimos. Otros como yo dejaron de hacer lo que hacían solo para ver los gatos, extraña novedad ver dos gatos a tal hora ignorando la gente. Dos gatos que parecían ser gatos. Los gatos no se daban cuenta de nosotros, corrían de un árbol a otro, fugaces como disparos negros, silenciosos como la luz que llega sin trueno. Lo juro, esos gatos parecían dos gatos.

No se daban cuenta de nosotros, ellos solamente se miraban sus pupilas. Las pupilas eran grandes, color ámbar y en la oscuridad del parque parecían faros desubicando a los navegantes. Navegamos un rato viendo los gatos acostándose en el pasto, revolcándose como árboles que han caído de sus hojas. Los gatos eran sordos, y parecían dos gatos.

Después del primer beso los gatos parecieron polvo, se fueron elevando como una maraña de ramas arrastradas por el viento. El viento nos arrebató los sombreros, los paraguas y las ganas de verlos. Quedó la oscuridad, el silencio, la soledad y todas las cosas que estaban buscando.  Antes de la lluvia vi muchos reanudando su marcha, otros corrieron anunciando los males del invierno. Quedamos unos cuantos viendo los dibujos negros que se hacen en un parque cuando llueve de noche. 

Jorge Andrés Acevedo.

*Fotografía tomada de internet.